Mapinguari

(Con notas de la revista Variedades, de La Paz - Bolivia, julio 1994, encontrado en un baúl)

En los días navideños últimos, un campesino pandino de nombre Santos Isihita, declaró al corresponsal del diario Presencia que mientras pescaba en un río sintió de pronto que algo alteraba la normalidad del lugar.  Levantó la cabeza y se encontró con los ojos humanos de un mono gigante.  “Era un cristiano”, sostiene Isihita al describir a un sujeto de más de dos metros, con pelos por todas partes y un olor espantoso.

La confirmación de semejante encuentro se vio reforzado cuatro meses más tarde, cuando el “mapinguari” dejó sus impresionantes pisadas, - ¡35 centímetros!-, a menos de diez kilómetros de la ciudad de Cobija, capital del departamento de Pando. 

Más aún el 11 de Julio el Prefecto de Pando, Raúl Méndez informa de la presencia del “Yeti Amazónico” en las cercanías de Villa Bush y muestra fotografías de sus pisadas de 40 cm. de largo y 15 cm. de ancho especificando que tiene una estatura de 2.20 metros y un peso de 280 kg.

“Vino a buscar cobijo desde las tierras de Vurus” indicó el prefecto añadiendo que el Mapinguari huye de las depredaciones de los bosques amazónicos.

Ello decidió al antropólogo boliviano Vicente González a seguir las huellas del “mono gigante”.  González ha venido acumulando unas cuantas evidencias así como muchísimas referencias y leyendas sobre el “mapinguari”.


“DEBE SER HOMBRE; ES VIOLENTO”

A ello se sumó un nuevo testimonio, esta vez de un tal Kampa Conchare, cacique de la aldea indígena Simpatía, cuyo hábitat está en las cercanías del río Embira, Estado del Acre, antiguo territorio boliviano perdido en guerra contra el Brasil.  La versión de Conchare, que recogieron periódicos brasileños, relata que él vio al “monstruo” a quien responsabiliza de atacar, matar y comer a cinco miembros de su tribu.

Ello ha movido también a que desde Belem hubiera partido, semanas atrás, una expedición científica, obviamente mejor asistida que el solitario Vicente González, rumbo al territorio de Rondonia, Amazonas y Acre, en un itinerario mantenido en secreto, pero que desde luego incluye visitas a Bolivia.  La misión está comandada por el biólogo norteamericano David Oren, del Museo “Emilio Goeldi” y el paleontólogo brasileño Alceu Rancy.

HABLAN LOS CIENTÍFICOS

Aunque David Oren no cree que el “mapinguari” hubiera devorado a los indígenas que atacó, la expedición que comanda lleva armas con proyectiles tranquilizantes, para adormecer al “monstruo” en caso de que llegaran a contactarlo.  Oren cree que se trata de un oso perezoso terrestre, fundamentalmente herbívoro, aunque considera natural que los lugareños lo responsabilicen de todo lo malo que les sucede.

Alceu Rancy comparte esa teoría y explica que se trata de un fósil viviente, de una especie que pastaba en el Acre durante el pleistoceno y que desapareció –o casi—en una crisis climática sucedida hace diez mil años.

Sin embargo el boliviano Vicente González difiere un tanto de esas opiniones.  No se trataría de un oso, sino de un mono gigante que sobrevivió a la era glaciar en Sudamérica.  Pero además sostiene que no se trataría de un solo espécimen, sino de “una familia que logró sobrevivir en extremo cuidado frente al hombre”.

González especula que estos primates distribuidos por la región amazónica, se mueven por motivos alimenticios y cada cierto tiempo se reúnen para su propia reproducción, perdiendo entonces su natural cautela, y dejándose ver por los hombres, como ha venido sucediendo en los últimos meses.

¿CÓMO ES?

Las versiones sobre su apariencia son variadas.  Para los indígenas, que desde siempre han relatado a sus nietos sus experiencias con el “mapinguari”, las versiones van desde un monstruo con un gran hocico a la altura de la barriga, hasta el “cristiano” de dos metros, de mirada humana, con el que se topó Kampa Conchare hace unas semanas.

Hay coincidencia en que se trata de un mamífero de más de 200 kilos de peso, que se moviliza sobre dos pies, lleva el cuerpo cubierto de pelos y despide un olor insoportable.

Muchos afirman haberlo visto, pero no quedan otras evidencias que sus pisadas recientes, cerca a Cobija, cuyo molde y fotografías son pruebas valiosas estudiadas actualmente en Estados Unidos y el Brasil.

Para los científicos lo único evidente es que el “mapinguari” existe.  No importa si es un oso, un mono o el mismísimo eslabón perdido.  El misterio puede develarse muy pronto, pues la expedición brasileño-norteamericana ya está en camino y era muy probable que el solitario biólogo boliviano se incorpore a la misma.


Ricardo Sanjinés Ávila

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